Podés tener el mejor producto del mundo, pero si le hablás a tu cliente ideal con un lenguaje que no es el suyo, no te va a escuchar. Hablarle bien no es ser simpática nomás, es construir un puente entre lo que ofrecés y lo que esa persona siente. Te cuento cómo lo trabajo.
Hablá su idioma, no el tuyo
El error más común es usar las palabras que usamos las marcas y no las que usa la gente. Tu cliente no busca "soluciones integrales de gestión", busca "dejar de perder tiempo con la facturación". Cuando devolvés las palabras exactas que tu persona usa para describir su problema, se produce esa sensación mágica de "me leyeron la mente".
Enfocate en el dolor, no en la función
A la gente no le importa tanto lo que hace tu producto como lo que cambia en su vida. En lugar de describir características, hablá de la transformación: del antes incómodo al después aliviado. Esa es la conversación que tu cliente ideal tiene en la cabeza, y vos tenés que sumarte a ella, no abrir una nueva.
Soltá el tono acartonado
A mí me gusta escribir como hablo. El voseo, las frases cortas, un poco de humor cuando va. La cercanía genera confianza, y la confianza vende mucho más que la solemnidad. Algunas claves que aplico siempre:
- Escribí como si le hablaras a una persona, no a una multitud
- Usá el "vos" y el "yo", evitá el impersonal frío
- Sacá las palabras rebuscadas que nadie usa al hablar
- Leé tu texto en voz alta: si suena raro, reescribilo
Conocé bien a quién le hablás
No se puede hablarle bien a alguien que no conocés. Por eso todo esto se apoya en tener claro tu cliente ideal: sus miedos, sus deseos, su forma de expresarse. Cuanto mejor lo conocés, más natural te sale el tono justo. La buena comunicación es hija de la buena escucha.
Tu cliente no quiere que le hables bonito, quiere sentir que entendés exactamente lo que le pasa.
Sé coherente en todos lados
El tono que usás en un reel tiene que ser el mismo que en tu web, tus mensajes y tus respuestas. Cuando la voz de tu marca es coherente, tu cliente ideal te reconoce en cualquier lado y se siente en casa. Esa familiaridad es lo que después se transforma en fidelidad.
Hablarle a tu cliente ideal es una habilidad que se afina con práctica y con escucha. Si querés que revisemos juntos cómo está sonando tu marca y la afinemos para que conecte de verdad, escribime y lo trabajamos.
